Maracas de Samba de Amigo
Las maracas de Samba de Amigo son, junto a las de su secuela Samba de Amigo Ver. 2000, el ejemplo más vistoso de periférico “de un solo juego” que dio Dreamcast. Se vendían por separado del juego —en Japón, a un precio incluso superior al del propio disco— y venían acompañadas de una alfombrilla que hacía de base y de sensor, en un planteamiento parecido al de un pad de Dance Dance Revolution pero para las manos en lugar de los pies.
Son, físicamente, una versión más pequeña y ligera que las maracas gigantes del mueble arcade original, adaptadas al salón sin perder el gesto de sacudirlas al ritmo de la música que define al juego. Sin ellas, Samba de Amigo se puede jugar con el mando estándar, pero pierde buena parte de la gracia que lo hizo un juego de culto dentro del catálogo de ritmo de la consola.